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sábado, 4 de agosto de 2012

Memoria fotográfica

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Es tan humano saber que contigo la música toma sentido, antes simplemente una canción me gustaba y ahora te hallo en cada palabra, en cada oración, porque el cielo existe para los dos, para todos, porque el sol aunque quema lo necesito, porque ahora le puedo hacer canciones... porque aún en tu partir me traes recuerdos subsecuentes a fotografías con las que sonrío y sonríe mi alma.

Sin importancia alguna a lo que tu memoria recuerde, sé que no son las mismas fotografías. Sé que las mías tienen movimiento, como si caminarán, como si transmutarán su color, pigmentación, que a veces en decadencia se ven descoloridas, en sepia, desgastadas por el tiempo, enmarcadas como un buen recuerdo, a veces húmedas o viejas, o como si un mar les hubiese arrastrado,  lágrimas hechas mar.

Este relato no es feliz del todo, pero tampoco es uno triste o amargo, tal vez sólo nostálgico.

Tengo el derecho de recordarte a mi placer a mi gana o desgana, recordar completa la historia, cuando apareciste entre la nada, cuando te di un beso en tu mejilla blanca por primera vez y tus labios eran rojos como una cereza, y tu cabello se movía a desdén, siempre fuiste desdeñoso, pero que tristemente un día decidiste dejar de darme tu cariño y los abrazos de tu piel desnuda y húmeda por nuestros aromas.

Que así un día desapareciste entre la fuente imaginaria y aquel árbol ermitaño debajo del cual nos conocimos, de aquel árbol ermitaño dónde la mujer fantasma te dio su último beso, y así llego el último abrazo donde no te quise soltar, pero me dijiste con tu piel "basta" y con tus ojos es el adiós, adiós que postergamos unos meses, pero que un día lunes por fin llego diciéndome al oído zumbando ahora no, y hoy es tú cumpleaños, y no puedo verte ni tocarte, no puedo darte mi mejor deseo que de costumbre a cada año acudía a ti para decir feliz día, siempre serás el príncipe doloso que conocí sumergido en una tristeza incesante, de voz suavecita y caminar desfachatado, de reír con el cuerpo temblando, en mi recuerdo siempre serás el que describo. Más no el testarudo que presume de fortaleza y bienestar, que se volvió duro y apretante como una soga al cuello, esa persona la desconozco, esa persona no está en mi vida, ese... no eres tú.





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