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martes, 17 de septiembre de 2013

expr:id='"post-body-" + data:post.id' itemprop='articleBody'> Alguien quiere ser jardinero pero no conoce su condición de gato.

(Admirando a mi gato mientras juega entre las flores).

Hablemos de...

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El tiempo es una lanza, te rasga, te subyuga a su paso sin podernos desprender. Lanza-raíz, raíces que nos brotan en la cara, en nuestras sienes, cuando sonreímos, cuando lloramos. El tiempo no nos perdona, así pues me obliga hablar de él. Me restriega en la cara su ausencia y me habla de sus vetas, las vetas en las manos y en las pies de los abuelitos que se posan en jardines donde las flores reverdecen, mientras otras mueren... suspiran los viejos cuando los niños corren y gritan sin motivo alguno. Entonces suspiro por lo que he sido y jamás volveré a ser, por lo que seré y después olvidaré.
 La memoria sin embargo es dulce, sí, un dulce inconveniente. Castigo divino, algo así. Aquí como Sabato sólo espero recordar poemas inmortales al cercano lecho de muerte