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domingo, 20 de octubre de 2013

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La senda te mira desde abajo y te toca los pies sin que los sientas, la llama sigue siendo llama mientras las cenizas vuelan, ¿Qué tengo que decirte? Si te miro desde arriba.

La rabia se evapora en los pedazos rotos de la botella de vodka, esa que yace en el piso de lado a la cantina. Tengo calor y es evidente que no estoy viviendo. Tengo sed y es evidente que nadie me sacia. Tengo hambre, enorme hambre de amor y no vienes, está noche tampoco vienes…

Es raro; es triste decir que recostada en una cama, en el sillón, en el piso revolcándome como una idiota no te encuentre. Y son tus ojos, par de gotas de ambar, fuego de mis tardes, ilusión de mis días. Aquel ojo de aguja, ojillo de mi blusa percudida, te reflejen y aún cediendo a mi memoria no pueda yo tenerte, que con el más estorboso anhelo de mis sueños no seas ni un tantito asequible. ¡Oh cariño! Veneno de mis angustias, ¿dónde está tu sueño? Que quiero velar, ¿dónde diablos está tu amor que no logro tocar con mis yemas sucias que me deja el tabaco?

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