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viernes, 31 de enero de 2014

Machacarse

expr:id='"post-body-" + data:post.id' itemprop='articleBody'> Es un arte eso de machacarse, con tanta devoción acribillarse, y es que se hace vicio. El mecanicismo aparece antes de contar hasta tres. Subirse al tren del ocaso sin querer que llegue el atardecer, porque atardecer es como orearse las maldades, dormirse y despertar para ir a casa.
Despertar y volver a machacarse, al primer soplo de frío, con el vaho de los niños del jardín de niños, con sus ojitos pequeños que ha dejado el sueño. Todo se convierte en motivo; machacarse por cualquier cosa. Al verte y no verle venir, al primer hola y al primer adiós. La distancia se vuelve numero y los números un caos con un remedio frugal de desencuentros, invertir tiempo en una necesidad, la inmediatez de tanto uso se cansa, sin lograr sosegarse, atisbar a caricaturizar el entorno es una opción mientras una que otra caricatura opta por el suicidio. Irrisoria es lo que queda en un mundo de caricatura.

viernes, 17 de enero de 2014

Mover

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Moverse de un lugar a otro, mover las cosas cuando se trata de mudanzas, muévete para que salgas en la foto, muévete para que no salgas en la foto, mover el coche del aparcadero, ¡muévete! Te gritan y tronándote los dedos, muévete de tal forma al bailar, al bailar en un sofá, en el asiento de atrás del coche, en el piso o entre sábanas, un ¡muévete perra! Jamás hará falta cuando hay tráfico. Move over nos canta Janis Joplin al oído estando volados, moves likke Jagger mientras te imagino bailando como Mike Jagger para mí. Y es que imaginarte es llegar al vórtice de la decepción, del suicidio sin arma alguna, caerme en tus brazos del mero desmayo, y entonces “mover” toma otro sentido, “mover” se vuelve la excepción. La excepción a la dulzura, la excepción a la alegría. Tan lejanos nos vemos desde la soledad de nuestra cama, tan lejanos de lo que los pesados llaman “felicidad” pero que a veces… contagiada de males deseo alcanzar. Y entonces pareciese que ella me retara desde un espejo a lo alto diciendo ¡tú jamás me tocarás! Y la excepción se me adhiere como un tatuaje en la frente, “mover sentimientos” con la imposibilidad de olvidar porque cada día al despertar me miro en el espejo de la infelicidad, podríamos entonces deletrear o incluso gritar en un certamen importantísimo ¡JODÁNSE AFORTUNADOS! esperando a que nos saquen de inmediato y no a patadas no por no desearlo sino por simple evitación de violencia. Y aquella mugrosa excepción se torna malvada, se vuelve el personaje principal en la historia ficticia de cualquiera, y entonces sí, comienza a dar órdenes para que nadie te escuche, porque mover sentimientos no es como quitarse los pantalones y después los calzones, ni tan siquiera frecuentar a otros se acerca un poco a la solución de aquel abismo creado por uno mismo, la mejor opción fue: conseguirte dos o tres botes de helado, jalar a  tu teddy bear guardado en el rincón de tu closet, tu cobijita y si quieres los videos donde tú y el o la amada estaban juntos, las fotos, los obsequios, la envoltura del primer dulce que te regalo. ¿Para qué matarse? Acaso esto no es un suicidio consumado en la mente, ¿no sería encantador que mientras “mover sentimientos” amanece con la cara nuevecita, le embarres de mierda en su carita? y le digas ¡pude moverlos de hogar!

martes, 7 de enero de 2014

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Adivinabas mi mente, mis canciones, los gustos eran presencia viva, tibia sangre, granito de azúcar, un temblor surgió en mi pierna y el retumbar en mi pecho que de a poco me hacía perderme, creía que estabas hecha para mí, y tu hombro izquierdo me convencía de ello, y tus ojos me convencían de ello. Cuán equivocada estuvo mi percepción, porque es percepción y no otra cosa, y la percepción está en quien siente, y olías a miedo, tus besos sabían a miedo, miedo puro… casi se me olvidaba decir que yo no soy un cazador; no sé de sometimientos, intente saber de sacrificios y casi termine por ser el sacrificio carnal de tu ser caprichoso.  

El tumulto de los que hablan poco

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¿Has conocido a alguien que hable poco?

Su luz se asemeja a un señuelo, su luz cabe en su voz, no habla mucho pero cuando habla es para hacer reír, jadear, rabiar, gritar más.  Sus ojos dicen constantemente pero no se pueden adivinar, te obliga a sonreír, atisbar en lo que se cree.

Los que hablan poco, cargan frases mordaces en los pantalones en lugar de llaves, de monedas, de carteras, de dulces, más llevan sigilo en los pasos, abismos cuando miran el cielo, una sonrisa encantadora y una sonrisa hueca del por si acaso.

Hacen un tumulto que levanta el polvo invitando a que te lo tragues para luego toser, toser, toser. Anfitrión de una molestia.

Cuando les conoces podrías odiarles, pero no usan  perfume, lo que hace que te enamores sin avergonzarles, tienen olor propio, el olor del sarcasmo, una mezcla de durazno con el ácido de la lima, un toque de café y un puñado de corrosión. Seres corrosivamente encantadores, con la tranquilidad de un niño, la práctica de un ladrón, la conmoción de un tiburón devorando a su presa.

Y como no hablan mucho, nunca dicen te quiero o les cuesta hacerlo. Envuelven su sonrisa hueca en la envoltura de un chocolate y se lo dan al de enfrente en el autobús, luego sacan de su chaqueta su sonrisa sincera y te la regalan, se sientan a tu lado lo más pegado posible, y estando pegaditos,  sin decir ni una sola palabra, él sonríe como un niño endiablado.  

Vocación de idiota

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Si me guían a tu encuentro y en el encuentro dejo de estar perdido, si me devuelves a casa, y tus manos sosiegan la noche, si tus labios sellan un pacto en cuanto me cruzo con la muerte y despierto, y sigues aquí, sabré que también me he quedado. Descuido la lógica, porque vivo sin saber nada, nada de ti querida. Difusa, te concibo. No hay manera de saberte, de conocerte. Me acuesto contigo, te acicalo, entonces deseo enterrarte mis manos en tus costillas delgadas, escarbar en tu estomago, apretar tu vientre, me abrazo a ti porque hay un algo difuso que me hace sentir que existo, lo que me devuelve a mi estado heterogéneo. Me enojo contigo, me enojo conmigo, te conviertes en océano y los marineros te miran, y soy sólo uno más de ellos, me pierdo de nuevo. Me voy de tu lado, me voy de mi lado y en el océano no me reconozco, no soy narciso, soy un nardo en los sueños de aquella ancestral mujer. Y el vientre de mi madre es un mar, en donde nado, pienso en ti, quiero abrir tu vientre y meterme en el, que me abrace tu sangre y tus tripas, comer de ti, tengo vocación de idiota aunque luzco más como una sanguijuela.