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martes, 7 de enero de 2014

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Adivinabas mi mente, mis canciones, los gustos eran presencia viva, tibia sangre, granito de azúcar, un temblor surgió en mi pierna y el retumbar en mi pecho que de a poco me hacía perderme, creía que estabas hecha para mí, y tu hombro izquierdo me convencía de ello, y tus ojos me convencían de ello. Cuán equivocada estuvo mi percepción, porque es percepción y no otra cosa, y la percepción está en quien siente, y olías a miedo, tus besos sabían a miedo, miedo puro… casi se me olvidaba decir que yo no soy un cazador; no sé de sometimientos, intente saber de sacrificios y casi termine por ser el sacrificio carnal de tu ser caprichoso.  

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