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viernes, 17 de enero de 2014

Mover

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Moverse de un lugar a otro, mover las cosas cuando se trata de mudanzas, muévete para que salgas en la foto, muévete para que no salgas en la foto, mover el coche del aparcadero, ¡muévete! Te gritan y tronándote los dedos, muévete de tal forma al bailar, al bailar en un sofá, en el asiento de atrás del coche, en el piso o entre sábanas, un ¡muévete perra! Jamás hará falta cuando hay tráfico. Move over nos canta Janis Joplin al oído estando volados, moves likke Jagger mientras te imagino bailando como Mike Jagger para mí. Y es que imaginarte es llegar al vórtice de la decepción, del suicidio sin arma alguna, caerme en tus brazos del mero desmayo, y entonces “mover” toma otro sentido, “mover” se vuelve la excepción. La excepción a la dulzura, la excepción a la alegría. Tan lejanos nos vemos desde la soledad de nuestra cama, tan lejanos de lo que los pesados llaman “felicidad” pero que a veces… contagiada de males deseo alcanzar. Y entonces pareciese que ella me retara desde un espejo a lo alto diciendo ¡tú jamás me tocarás! Y la excepción se me adhiere como un tatuaje en la frente, “mover sentimientos” con la imposibilidad de olvidar porque cada día al despertar me miro en el espejo de la infelicidad, podríamos entonces deletrear o incluso gritar en un certamen importantísimo ¡JODÁNSE AFORTUNADOS! esperando a que nos saquen de inmediato y no a patadas no por no desearlo sino por simple evitación de violencia. Y aquella mugrosa excepción se torna malvada, se vuelve el personaje principal en la historia ficticia de cualquiera, y entonces sí, comienza a dar órdenes para que nadie te escuche, porque mover sentimientos no es como quitarse los pantalones y después los calzones, ni tan siquiera frecuentar a otros se acerca un poco a la solución de aquel abismo creado por uno mismo, la mejor opción fue: conseguirte dos o tres botes de helado, jalar a  tu teddy bear guardado en el rincón de tu closet, tu cobijita y si quieres los videos donde tú y el o la amada estaban juntos, las fotos, los obsequios, la envoltura del primer dulce que te regalo. ¿Para qué matarse? Acaso esto no es un suicidio consumado en la mente, ¿no sería encantador que mientras “mover sentimientos” amanece con la cara nuevecita, le embarres de mierda en su carita? y le digas ¡pude moverlos de hogar!

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