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martes, 7 de enero de 2014

Vocación de idiota

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Si me guían a tu encuentro y en el encuentro dejo de estar perdido, si me devuelves a casa, y tus manos sosiegan la noche, si tus labios sellan un pacto en cuanto me cruzo con la muerte y despierto, y sigues aquí, sabré que también me he quedado. Descuido la lógica, porque vivo sin saber nada, nada de ti querida. Difusa, te concibo. No hay manera de saberte, de conocerte. Me acuesto contigo, te acicalo, entonces deseo enterrarte mis manos en tus costillas delgadas, escarbar en tu estomago, apretar tu vientre, me abrazo a ti porque hay un algo difuso que me hace sentir que existo, lo que me devuelve a mi estado heterogéneo. Me enojo contigo, me enojo conmigo, te conviertes en océano y los marineros te miran, y soy sólo uno más de ellos, me pierdo de nuevo. Me voy de tu lado, me voy de mi lado y en el océano no me reconozco, no soy narciso, soy un nardo en los sueños de aquella ancestral mujer. Y el vientre de mi madre es un mar, en donde nado, pienso en ti, quiero abrir tu vientre y meterme en el, que me abrace tu sangre y tus tripas, comer de ti, tengo vocación de idiota aunque luzco más como una sanguijuela.

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